Misterio en la cocina

Simenon, un clásico que no envejece

simenonEmpecé a leer a George Simenon ya desde muy joven, creo que con 16 o 17 años. Recuerdo un periodo largo, de varios meses, en el que alternaba novelas de Agatha Christie con novelas de este excelente escritor belga. Las novelas de Agatha Christie las íbamos comprando entre mi hermana Begoña y yo con nuestra modesta paga semanal. Las de Simenon las encontraba en la biblioteca de casa en la que había, ni más ni menos, que una recopilación completa del Comisario Maigret. Después de cientos de horas de disfrute con este personaje único, había quedado en mí un gran poso de admiración tanto para el autor como para su personaje. Por eso, hace unos meses, y no sin cierto miedo a dañar agradables recuerdos, decidí volver a leer alguna de las novelas del famoso Maigret para ver cómo había aguantado el paso del tiempo.

Y para mi gran satisfacción ( y de la editorial correspondiente) debo decir que me ha vuelto a enamorar y que llevo leídas ya varias. Son historias sencillas, siempre creíbles y maravillosamente ambientadas en París (o en alguna población francesa). Simenon es un maestro construyendo personajes sobre todo en su aspecto psicológico. Y Maigret es sin duda su mejor obra.

Podéis estar seguros de que escribiré sobre más de una novela de Simenon, pero hoy me centraré en “Maigret en el Picratt’s” que narra los esfuerzos de nuestro querido Comisario por resolver el asesinato de una bailarina de un cabaret, el Picratt’s, en París. Es una historia que transcurre en gran parte por la noche y que nos introduce en el mundo de los cabarets de segunda categoría (no todos pueden ser como el Lido o el Moulin Rouge) y de los personajes que en ellos se mueven. Y como este blog pretende hablar también de cocina, decir que el Picratt’s no sólo ofrece Champán a sus nocturnos clientes, sino que les propone asentar su estómago con una langosta fría o una famosísima sopa de cebolla francesa.

Este último plato es toda una institución para nuestros vecinos. Hecha con cebolla rehogada en mantequilla, con queso (que se derrite y hace hebras al sacarlo de la sopa), con una rebanada de pan tostado y, sobre todo, con un excelente caldo de carne. Los franceses no se andan con chiquitas a la hora de hacer caldo de carne y donde muchos de nosotros usaríamos unos huesos de rodilla de vaca ellos usan directamente carne picada (sí, carne picada que una vez ha dado todo su sabor acaba en la basura). Y son caldos que, para hacer una “soupe à l’oignon” de primera tiene que clarificarse, para que no quede turbia. El clarificado se puede hacer con clara de huevo o bien con agar agar, que obviamente puedes encontrar en Cocinista así como la explicación de cómo usarlo para clarificar líquidos.

Lo dicho, dentro de alguna semana, hablaré de otra novela de George Simenon que nos permita seguir hablando de la maravillosa cocina francesa.

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